Hace unas semanas una mujer joven y su hija de dos años y poco subían a un autobús de la EMT y al poco rato una ancianita se dedicaba a hacerle carantoñas a la niña, con lo que en menos que se presigna un cura loco la mujer estaba charlando animadamente con la viejita.
Tras los tradicionales ¡qué niña tan rica! ¿qué tiempo tiene? y demás lugares comunes la buena viejuca se dedicó a contar al borde las lágrimas como toda su vida había sido cuidar a su hija que se había sacrificado mucho pero mucho para llegar a ser doctora y que cuando por fin lo consiguió la detectaron un cáncer terminal que se la llevó en apenas unos meses. Y no sólo esto, sino que el marido y padre de la fallecida doctora también se había muerto en fechas recientes, dejándola totalmente sola a la mujercilla que no tenía más familia en este mundo.
La mujer joven y la hija llegaron a su parada y se apearon; en su asiento del autobús municipal se quedó la anciana acompañada tan sólo de sus recuerdos y sus dolores.
Esta historia es totalmente real, más aún que los Estrenos TV, que ya es decir.
CARPE DIEM!, recordad cómo los poetas muertos nos susurran desde sus húmedas y postreras moradas que debemos apurar hasta la última gota cada minuto de esta vida tan maravillosa y tan perra.
domingo, 23 de marzo de 2008
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