En la ciudad sin amanecer se extiende y forma un abrigo extraño y húmedo, nos incita al recuerdo mojado, a la evocación triste.
Danzan alrededor nuestro muchos de aquellos que se han quedado en el camino…amigos, desconocidos, ilustres creadores.
Cuenta la leyenda inmemorial que de la niebla surgió la melancolía y que ésta era una gigante de hielo con pelo de escarcha que soplaba tristeza en los corazones de los guerreros y los impedía batallar… hoy sucede igual.
Cae la niebla en un Madrid triste de mierda política, de fascistas y terroristas siempre asesinos y la bruma entorpece el entendimiento; Goya se ríe con las dos Españas de los garrotazos y es que la vieja, sucia y curtida piel de toro sigue tan negra como el betún, decían DefConDos...
La niebla, the mist, esa confusión del pensamiento y el espíritu avanza con sus helados pasos de titán y como en la novela de King nos va devorando a todos... Saturno devora a sus hijos, el presidente de Estados Unidos se come a un niño vietnamieta, se lo come sin hambre (Alack Sinner dixit)... La niebla, mojada, triste, perenne, la niebla como metáfora y caníbal de esperanzas, la niebla del alma y de la mente, la oclusión de la razón, la niebla que algunos se empeñan que sea España.


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