Todos los días hay milagros, todos los días alguien salva el mundo; no son gestas heroicas del tipo de los 300, son los pequeños gestos que en su diminuto universo esconden toda la esperanza de este planeta cansado.
Hace unos años pude contemplar uno de esos momentos mágicos que normalmente suelen pasar desapercibidos; estaba en el registro civil inscribiendo a mi hija cuando el funcionario de turno de pronto brilló como una supernova. Uno espera la grisalla y de pronto - paff-, el asombro y la luz que te golpea sin previo aviso.
Este currante de lo público, héreoe desconocido (pongamos que se llamaba Pérez) se dispuso a hacer su metódico trabajo diario: escribir en el Libro de Familia el nombre de mi niña, pero, oh, de su bolígrafo funcionarial salió el prodigio: escribió unas letras maravillosas, una trazos armónicos y graciosos, letras bailantes, casi élfico.
Y ahí quedó para siempre escrito "Alma" con la magia de un ser humano que creía en su trabajo, que creía que no es lo mismo hacerlo mal que bien, alguien que amaba los pequeños detalles, un orfebre de lo cotidiano.
A veces el universo se salva por un gesto, por una mirada, por una palabra; en la lista de Schindler se comentaba que quien salva una vida salva el mundo, estoy de acuerdo, el mundo está haciéndose y deshaciéndose en cada pequeño detalle, en cada minúscula gota de agua, en cada beso, casa sueño, cada risa... vida a borbotones que se da a luz a sí misma a cada instante.
Salvad el universo en cada instante.
viernes, 26 de diciembre de 2008
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