domingo, 9 de diciembre de 2007

Enzimática del enemigo

Es ese cabrón, sí ese tullido renacuajo rencoroso que se frota las manos y espera como Ella-araña a que su presa por fin caiga en la red; ese ser insidioso y pegajoso es una larva grosera que aguarda sin tiempo su postrera victoria; ese enemigo interior es despiadado y salvaje, se encoge y se agazapa como una fiera para saltar sin piedad sobre tí en la más calva de las ocasiones.... cuando ella se acerca con unos sensuales y carnosos labios abiertos como las puertas del cielo del placer, justo en ese momento y no en otro ese ToulouseeLautrec que vive dentro de tí, ese Quato (je, je, este enlace tiene mucha tela para algunos), ese Pujolín excreta toda su maldad gástrica y tu aliento ruge como un Pepe Pótamo empachado de ajo y cebolla, chorizo grasiento y gallinejas recalentadas.
Tras meses de preparación de la cita amatoria en la que poner pica en flandes en el tálamo de soltero, ese mamonazo infecto de nuevo te la da con queso camembert y espanta la bella que despavorida huye de la bestia del averno de la pestilencia corporal.
¡Maldito cabrón!, siempre igual, cuando no son los granos eclosionantes se deleita con ventiscas de caspa o con tifones de ventosidades, rugidos de entrañas y sudores como sangre de Alien, estornudos con tsunami o vomitonas de sentido de la vida, cerumen para el museo o legañas con nombre y apellidos...¡Porcaa miseriaaaaa... Va faan culooo!!!

PD: Pues sí que hay enemigos internos de mayores profunidades psicológicas sobre las que hablar, pero tienen menos gracia y para eso ya está Amelie (Nothomb, claro).

1 comentario:

Anónimo dijo...

Queremos mas post...